Debe su nombre al oficio mayoritario de sus habitantes: el oficio sedero (velluter) y a la elevada concentración de telares que existieron en la zona. De origen medieval, era un conjunto de casas situadas extramuros de la ciudad. Con la construcción de la nueva muralla en el siglo XIV, la zona quedó integrada en el recinto amurallado y sería a partir del siglo XV, con la instalación en el barrio de artesanos de la seda, cuando comenzó a ser conocido como barrio de Velluters.
Los velluters se organizaron como gremio a finales del siglo XV para unificar criterios en la producción de la seda, con las primeras ordenanzas de 1479, ratificadas por Fernando el Católico. Tuvieron siempre un papel relevante en la vida y la economía valencianas. Inicialmente se reunieron en el Convento de San Agustín, bajo el patronazgo de San Jerónimo, y adquirieron su actual casa gremial en 1492.
Tal fue la importancia del gremio que, mediante real cédula de Carlos II, en 1686 fue elevado a la máxima categoría gremial de Colegio, transformándose desde entonces en el Colegio del Arte Mayor de la Seda. Remodelado en el siglo XVIII, fue declarado monumento histórico-artístico en 1981. Cuenta con un museo permanente, una preciosa capilla y un salón de actos con bellas cerámicas y pinturas en las que se repiten abundantemente los emblemas propios del Colegio: el león, el capelo cardenalicio, la lanzadera, los hierros, la tellerola… Su museo de maquinaria textil reúne piezas procedentes de antiguas fábricas y talleres, formando lo que podría considerarse el museo etnográfico textil más importante de España. Posee, además, el archivo gremial más antiguo y amplio de Europa.
Durante los siglos XV y XVI, la industria sedera se desarrolló en la ciudad al mismo tiempo que el barrio se formaba y se adaptaba a las necesidades de la seda. La actividad industrial se realizaba en casas-taller como el Palacio Tamarit, aunque lo más habitual eran los pequeños talleres situados en lo que se conocía como el «porxe del velluter», en la última planta, formada por vigas de madera. Era una estancia con ventanas rematadas por dinteles rectos o arcos de medio punto. Estos desvanes servían para colocar los cañizos donde se criaba el gusano de seda. Actualmente todavía son visibles en algunos de estos edificios.
Actualmente, El Pilar, conocido tradicionalmente como Velluters o barrio sedero, es un barrio de València perteneciente al distrito de Ciutat Vella, al oeste del centro histórico de la ciudad. Limita al norte con el barrio del Carmen, al este con el Mercado, al sur con Sant Francesc y al oeste con el Botánico, en el distrito de Extramurs, abarcando la extensión comprendida entre las calles Guillem de Castro, Quart, Hospital y Baró de Càrcer, continuando por la calle Bolseria, que enlaza de nuevo con Quart.
Paseando por el barrio de Velluters
Paseando por el barrio de Velluters todavía se pueden admirar edificios emblemáticos: el Colegio del Arte Mayor de la Seda (en la calle Hospital, 7, desde 1494); el antiguo Hospital, hoy Biblioteca Municipal —este hospital, donde se atendía a personas con problemas psiquiátricos, fue en sus inicios una casa situada en un terreno de moreras—. También encontramos la casa del gremio de maestros carpinteros, quienes se encargaban de los obradores y talleres sederos construidos mayoritariamente en madera; el Palacio de los Tamarit (calle Roger de Flor) y la casa de los Marqueses de Llanera.
El gran Ismael Merlo Piquer nació en la calle Torn de l’Hospital, 17. Además, en el barrio de Velluters se puede asistir a la fiesta conocida como la Hoguera del Motín de los Velluters, que se celebra el último fin de semana de enero en la Plaza del Pilar y conmemora el motín protagonizado por trabajadores sederos, así como la huelga de hilanderas.
Homenaje y recuerdo de los gremios en la València actual
València es la ciudad de España que más calles tiene dedicadas a oficios, gremios y profesiones. En la época medieval, la industria de nuestra ciudad estaba en auge. Fue una época de esplendor en la que los gremios de trabajadores desempeñaron un papel primordial. De hecho, se habla del siglo XV como «el Siglo de Oro», con València convertida en una de las principales plazas comerciales del Mediterráneo.
La importancia de su actividad comercial condujo a la construcción de grandes edificios públicos destinados a albergar las operaciones de intercambio y las sedes del gobierno mercantil. La Lonja de València (1482-1498) se construyó con el objetivo de facilitar estas actividades, favoreciendo la reunión de mercaderes y comerciantes para realizar sus transacciones, principalmente de seda. Como homenaje y recuerdo de todo ello, numerosas calles de nuestro centro histórico, concretamente de Ciutat Vella, recibieron nombres relacionados con aquellos oficios.
A continuación, hablamos de algunos de ellos:
- Calle de Adreçadors: situada cerca de la avenida del Oeste, antigua Baró de Càrcer. Los adreçadors eran quienes trabajaban, preparaban y acondicionaban los terciopelos. En muchos telares este era un trabajo importantísimo. De hecho, en el barrio de Velluters podían encontrarse diversos telares con adreçadors.
- Calle de Aladrers: desde la calle En Plom hasta la calle Quart. Allí vivían artesanos dedicados a la fabricación de arados en el siglo XV. Como curiosidad, antiguamente pertenecían al gremio de carpinteros, del que se separaron hacia 1643.
- Calle de Aluders: desde la plaza de Porxets hasta la calle Linterna. Allí vivían los curtidores de pieles. También era conocida como la «calle del hedor», por el olor que desprendían las pieles de animales como ciervos, cabras u ovejas, con las que elaboraban guantes y pergaminos.
- Calle de Blanqueries: sus artesanos se dedicaban a curtir y preparar las pieles utilizando el caudal de la acequia de Rovella. Antiguamente, cuando València estaba amurallada, estos trabajadores se encontraban en el tramo de la antigua muralla cristiana denominado muro de Blanqueria, de donde procede su nombre.
- Calle de Bolseria: comunica el Tossal con el Mercado. Fue centro de reunión de talleres y comercios de pasamanería, guanteros y cordoneros, oficios que también fabricaban bolsas de cuero o piel.
- Calle de Cistellers (calle del Músico Peydró): todavía existen en esta calle comercios dedicados a productos artesanales realizados con mimbre: sillas, sillones, elementos decorativos, cestas, bolsos… En las puertas de estos negocios se exponen diferentes productos en los que puede apreciarse su calidad artesanal.
- Calle de Carnissers: la calle de los carniceros, entre las calles Peu de la Creu y Lope de Rueda.
- Calle de Serrallers: «mayans» en valenciano, próxima a las calles Sant Vicent Màrtir y Trench. Los mayans eran quienes fabricaban y reparaban cerraduras de puertas, armarios y baúles.
- Plaza del Correu Vell: antiguamente, cuando no existían los coches, los desplazamientos se realizaban a caballo. En época de Jaume I, el correo era repartido por los troters, montados a caballo.
- Calle de Tapineria: los tapiners eran los encargados de elaborar zapatos artesanales.
- Calle de Ballesters: albergaba talleres dedicados a fabricar ballestas, además de otros objetos.
- Calle Bany dels Pavesos: dedicada al baño público, próxima a las calles Corretgeria y Juristes. Los pavesos eran artesanos que complementaban las armaduras de los caballeros.
- Calle de Brodadors: próxima a Corretgeria y a la calle del Micalet, donde se bordaban las sillas de montar. Estas se fabricaban en la calle Selleria, un tramo de Corretgeria.
- Calle de Boters: la calle de los toneleros, donde se fabricaban botas.
- Calle de la Carda: desde la calle Botelles hasta la calle del Moro Zeit. Su nombre hace referencia al instrumento con púas de alambre utilizado para peinar, alisar y esponjar la lana, empleado también por otros gremios como pelaires, tundidores, boneteros y sombrereros.
- Calle de Cabillers: la calle de los peluqueros y de quienes preparaban pelucas y postizos de cabello.
- Calle de Cadirers: conecta con la calle de la Puríssima o con la Plaza del Forn de Sant Nicolau. Daba nombre al gremio dedicado a las sillas.
- Calle de Caixers: allí se fabricaban cajas de madera, arcas, armarios y baúles para guardar objetos o ropa.
- Calle de Calderers: caldereros o talleres de forja, entre las plazas del Tossal y de l’Espart. En realidad, este oficio se instaló extramuros debido a las quejas de los vecinos por el ruido.
- Calle de Carteros: denominada así en honor a los carteros o troters.
- Calle de la Corretgeria: allí se establecieron los corretgers, que fabricaban correas, correajes y guarniciones para las caballerías. Se extiende desde la Plaza de la Reina hasta la Puríssima.
- Plaza de l’Espart: recuerda a quienes trabajaban la fibra de esparto para elaborar cordajes, alpargatas, serones para caballerías, capazos y otros utensilios domésticos. Se encuentra en los alrededores de la Plaza del Mercado y entre Cavallers y Calderers. Antiguamente era conocida como Plaza de l’Esparteria.
- Calle de la Farina: frente al Almudín, donde se almacenaba el grano de la ciudad en la antigua València y donde destacaba la cofradía de Moliners.
- Calle de Juristes: allí vivieron abogados de alto rango, entre las calles Corretgeria y Cavallers, cerca de la audiencia donde se impartía justicia en aquella época.
Estos son solo algunos ejemplos de los más de cincuenta calles dedicadas a oficios. En el siglo XV, València alcanzó sus días de máximo esplendor gracias a sus sedas. Nuestra ciudad fue una importante zona comercial —especialmente las calles próximas a Cavallers— y estuvo llena de oficios y profesiones, como otras grandes ciudades del Mediterráneo. La particularidad es que aquí muchos de aquellos oficios quedaron reflejados en los nombres de las calles, conservando así el recuerdo de aquellas actividades y personajes del antiguo Reino de València.
Manuel Serra Meliá como parte del artículo «GREMIOS, corporaciones que forjaron la Edad Media» para el llibret de les Falles 2026
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